Como lo aseguré desde el inicio de esta contienda electoral, mi voto sería pragmático. Con la consigna superior de que apoyaría al candidato de derecha con mayores posibilidades de ganar, por encima de lo que a mí me gustara.
Cuando llegó el momento de asumir un compromiso decidido con un proyecto electoral, mi convicción y visión política me señalaron una dirección clara basada en los siguientes argumentos:
Despertar la emoción suficiente como fuerza para enfrentar el fenómeno popular representado en Petro y Cepeda es un atributo que solo puedo reconocer en Abelardo y su campaña. Es el quien ha despertado ese fervor en la gente de forma genuina.
Si analizamos el electorado colombiano, su manera de pensar y su más reciente comportamiento electoral, se hizo evidente el reconocimiento y sanción a la incoherencia y la tibieza; quienes son de izquierda reconocieron y votaron por quienes siempre lo han sido y se han mantenido, y lo mismo los de derecha. Los acomodados y tibios fueron castigados; por eso el supuesto “centro” en Colombia desapareció. En palabras de algunos, el país se “polarizó”. El país está conectando con voces que de forma vehemente defiendan lo que hay que defender.
Ahora bien, en un análisis franco, el ciudadano de a pie ni siquiera se reconoce a sí mismo o a sus representantes como de derecha, izquierda y mucho menos de centro. La gente simplemente tiene necesidades o dolores y se siente atraída por el que se las reconoce y le promete posibles soluciones.
La estrategia de la campaña de Paloma, estructurada en tres pilares fundamentales, enfocarse en el voto de “centro”, mujer vota mujer y alianzas con todas las estructuras políticas y concretada en la elección de su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, en mi concepto fue muy mal concebida por lo siguiente:
Paloma fue la ganadora de la consulta con todo lo que ella representa, las banderas que ha defendido como miembro del partido Centro Democrático y como un reconocimiento a su valor y a su gestión individual como congresista y a la de los demás compañeros de bancada, la cual representó un muro de contención ante los abusos e incoherencias de este gobierno. En este sentido, vi desenfocado darle una mayor importancia, a los votantes de centro y su visón de país, que a los votantes de base o de ese electorado que se sintonizó con Paloma y todo lo que ella representa.
Por otro lado, los votos de Paloma en la consulta no son una cifra que realmente muestre su peso electoral real; muchos de esos votos son prestados, igual que los de Oviedo, y Paloma no se convertirá de “centro” porque la acompañe Oviedo como fórmula. Paloma sigue siendo Paloma y muchos de los que se ubican en el centro no estarán con ella por Oviedo. La estrategia no puede nunca verse tan forzada y antinatural, mucho menos incoherente. Adicionalmente, hay que analizar los números al revés de cómo se ha presentado; se suele resaltar la votación de la consulta con sus casi 6 millones de votos, 3.2 millones para Paloma y 1.2 para Oviedo; la otra cara de la moneda muestra que al congreso votaron casi 20 millones de personas, es decir, 14 millones no votaron, y hubo 1.2 millones de votos no marcados, en blanco y nulos, entre los cuales un número importante de estos ciudadanos se ven representados por Abelardo.
En mi humilde opinión, el centro es un sofisma, un espectro falaz bajo el cual algunos, especialmente los burócratas, se pueden acomodar a jugar con Dios y con el diablo sin sonrojarse; Pero más allá de lo que yo piense, es que hoy no representa una cuantía electoral considerable que amerite que un candidato y una campaña pierdan su coherencia con tal de captar su favor, sin dejar de agregar que muchas de sus alianzas y sus mensajes que aseguran “que no votarían por Abelardo en una segunda vuelta”, no solo dejan ver que están con Paloma no con la intención de salvar el país, sino por cálculo político. Este mensaje se percibe como un chantaje ruin. Paloma aliada con todos los partidos y todos los políticos sin distinción alguna y el mensaje de gobernar desde diferentes espectros generó demasiada confusión y desconfianza.
La apuesta de apelar a que mujer vote por mujer en Colombia es bonita en su intención, pero resulta ingenua y desconoce que la realidad muestra que la sororidad —entendida como hermandad y complicidad entre mujeres— aún no se ha consolidado como un rasgo fuerte de nuestra cultura social, pues no suele manifestarse de manera amplia ni sostenida en la vida cotidiana.
Con esta sensación entendí que la campaña de Paloma no sería la opción ganadora. En contraposición, Abelardo y su campaña lograron conectar con el individuo con su coherencia y consistencia y lo empoderaron en su causa colectiva. Con un marketing excepcional, me atrevo a decir que, nunca antes visto en el país, que entendió y capitalizó muy bien el alcance e importancia de las redes sociales, logrando así un posicionamiento clave en los sectores populares. De acuerdo a las métricas de la campaña, su fuerza está dada principalmente en los estratos 1, 2 y 3, logrando un reconocimiento y favoritismo importante en regiones como la Costa y Antioquia y grupos de interés como el de la Fe, indispensables para ganar y donde Paloma está muy débil.
“El Tigre” defiende y representa mejor el legado o doctrina uribista, la cual ha reconocido y defendido hasta hoy. No obstante, no ser “el de Uribe” le representa una oportunidad en términos de atraer a otros sectores. Como alguien afirmó, “Abelardo des-Uribiso a Colombia”. Esto lo digo como radiografía, pues siempre me he considerado “Uribista”.
Daniela Marulanda Marulanda
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